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2004-05-04
El plazo para presentar la declaración de Impuesto Sobre la Renta (ISR) para personas físicas terminó ayer, por lo que la semana pasada quienes tuvimos que presentarla padecimos el calvario anual que ello implica
Esta experiencia me hizo pensar lo lamentable que resulta pagar impuestos para ver que en buena medida se utilizan para pagar el sueldo de muchos políticos y legisladores que poco hacen por los ciudadanos que pagamos sus salarios. También trajo a mi memoria un artículo que publiqué hace ya 6 años bajo este mismo título, en el cual reflexioné sobre dos cosas: lo alto de nuestra carga fiscal efectiva y lo difícil que resulta pagar impuestos, nada de lo cual ha cambiado.
Para jugar con los números le pregunto ¿Cuánto dinero cree usted que tiene que desembolsar un cliente en pago de servicios prestados por un profesionista independiente, para que ese profesionista pueda comprarse una cosa que vale 100 pesos? Centavos más centavos menos la cantidad es de 251 pesos. Sí, leyó usted bien, 251 pesos, suponiendo que los gastos directos e indirectos (rentas, papelería, sueldos de empleados, etc.) en los que el profesionista incurre para obtener ese ingreso, equivalen al 20 por ciento de su ingreso gravable. En otras palabras, la llamada carga fiscal efectiva no es, como piensan algunos, del 34 por ciento para el ejercicio fiscal del 2003, sino mucho más alta.
Un profesionista necesita que un cliente le pague una factura de honorarios por servicios prestados por la cantidad de 251 pesos, para que ese profesionista pueda adquirir un bien que cuesta 100 pesos, en razón de lo siguiente: hoy en día los honorarios que se pagan a los profesionistas independientes, se encuentran gravados a la tasa del 15 por ciento de Impuesto al Valor Agregado (IVA). Por tanto, a la factura de honorarios que le presenta el profesionista al cliente, hay que sumarle el 15 por ciento del IVA. La cantidad así recibida, menos el mencionado 15 por ciento del IVA, es el ingreso del profesionista que queda sujeto al pago del ISR.
Acto seguido, el profesionista tiene que pagar el 34 por ciento de ISR sobre los honorarios que recibe, previa resta de los gastos deducibles en los que incurre para generar ese ingreso, los cuales para efectos de este ejercicio teórico los estoy calculando al 20 por ciento del ingreso gravable. En otras palabras, al ingreso por honorarios recibidos se le descuenta el 20 por ciento de gastos deducibles y al remanente se le aplica la tasa del 34 por ciento para determinar el impuesto sobre la renta que debe pagarse.
Por último, cuando el profesionista acude a comprar el artículo que desea adquirir, le cobran nuevamente el 15 por ciento de IVA sobre el precio del artículo. En otras palabras, si quiere comprar un bien que vale 100 pesos tiene que pagar 115 pesos. Veamos un ejercicio numérico con estas cifras:
Pago del cliente 251
IVA al 15 por ciento 33
Ingreso neto del IVA 218
Gastos deducibles 44
Ingreso gravable 174
ISR al 34 por ciento 59
Ingreso neto 115
Precio del artículo 100
IVA al 15 por ciento 15
Total de la factura 115
Como se advierte, es necesario que el cliente pague al profesionista la cantidad de 251 pesos para que este último pueda comprar un artículo cuyo precio es de 100 pesos. La mayor parte de la diferencia, es decir la cantidad de 107 pesos corresponde al IVA y el ISR pagados al fisco. El resto de esa diferencia, esto es la cantidad de 44 pesos, corresponde a los gastos directos e indirectos que el profesionista normalmente eroga para prestar el servicio profesional que facturó al cliente que le pagó tales honorarios (rentas, sueldos, teléfono, luz, transporte, gasolina, etc.).
Estas cuentas enmarcan adecuadamente las siguientes reflexiones. La tan cacareada reforma fiscal, de la cual ya se hablaba hace seis años y que, no obstante los esfuerzos de la Secretaría de Hacienda, seguimos esperando, debiera orientarse hacia mejorar la eficiencia de la recaudación y no al incremento de las tasas de los impuestos existentes. Quienes pagamos impuestos ya pagamos lo suficiente. El problema descansa en que muchos de los que deben pagar impuestos no lo hacen (la mal llamada economía informal, por ejemplo) y tampoco se les cobran.
Urge, asimismo, como también lo señalé desde hace seis años, simplificar las normas fiscales, así como, muy especialmente, la forma en que tienen que pagarse los impuestos. Tengo más de 50 años y casi 30 de haberme titulado como abogado. Fui banquero por más de 25 años y hace más de 5 que trabajo como profesor universitario y ¿adivine usted? no soy capaz de hacer mi declaración de impuestos sin recurrir al auxilio de un especialista en la materia.
La pobreza de la recaudación del fisco mexicano, en buena medida obedece a la creciente dificultad que implica pagar correctamente los impuestos. Ahora, no sólo hay que tener conocimientos de iniciado para saber llenar las declaraciones mensuales y, sobre todo, la anual. Además, hay que disponer de una computadora, saber manejarla, estar conectado a internet, bajar programas, tener cuenta en un banco, contar con el servicio de banca electrónica y pagar por internet, rogando a Dios, desde luego, que no se vaya a ir la luz a mitad del proceso, que todos estos trámites se ejecuten correctamente y que los recibos electrónicos recibidos sean válidos por si fueran necesarios para hacer aclaraciones futuras, aunque no tengan firma autógrafa alguna. ¿Me estaré volviendo viejo o tengo algo de razón? Periódico Reforma.
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