Para el 2009 el Impuesto a los Depósitos en Efectivo y el Impuesto Empresarial a Tasa Única no sufrirán cambios en ningún sentido por el Poder Legislativo, lo que significa que las promesas que hicieron los partidos políticos quedarán para mejor ocasión.
Durante los últimos meses manifestaron el PRI y el PAN que había necesidad de adecuar estos nuevos gravámenes instaurados en la administración calderonista para que sectores empresariales no se vieran afectados en su operación por una excesiva carga tributaria.
Nuevamente se impone la política a las razones prácticas que demanda la sociedad mexicana en su conjunto. Las razones de la sociedad de una mayor simplicidad en el sistema tributario no serán atendidas en este periodo legislativo que concluye en diciembre.
El desgaste administrativo que sufre el contribuyente quedará intacto y los gastos que le implican quedarán de igual forma, lo que viene a complicar más aún el desempeño económico de las organizaciones productivas en nuestro país.
En muchos casos se les requiere adecuaciones a sus equipos y sistemas de cómputo, mayor contratación de personal para realizar los cálculos tributarios, que si para este año fueran menores podrían reducir sus gastos operativos y sobrellevar la crisis económica de una mejor manera para la clase empresarial.
De tal suerte que el causante tendrá que implantar estrategias para optimizar su carga fiscal y tenga menores repercusiones en su operación, lo que tiene una buena noticia para el gremio fiscal: mayor demanda de sus servicios para que el contribuyente pueda salir adelante con todas las de la Ley frente al Servicio de Administración Tributaria, al documentar sus estrategias fiscales para no ser objeto de auditorías por parte del brazo fiscalizador de la SHCP.
Para los fiscalistas sin duda este año seguramente traerá buenas noticias, mientras que para la mayoría de la población la situación no será tan halagüeña.