Se encuentra en proceso la reforma de PEMEX, lo que se decida al respecto tendrá gran injerencia para el acontecer tributario, pues un tercio de las finanzas públicas dependen de los ingresos petroleros, que paulatinamente tienen que ir transitando a los ingresos tributarios.
Por esta situación, el jefe del SAT, Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena, ha solicitado a la comisión de hacienda de la Cámara de Diputados su apoyo para eliminar en la medida de lo posible los regímenes especiales, buscar tasas impositivas bajas y bases amplías para incrementar la recaudación de los impuestos federales.
A esto le llegará su tiempo en el próximo periodo ordinario que comienza en septiembre en San Lázaro, en la que igualmente se abordará la reforma de PEMEX y su régimen fiscal, en el que se busca que la paraestatal se quede con mayores recursos para invertir en el desarrollo de su infraestructura y tecnología.
Con esta situación el escenario político tributario se vuelve más complicado para negociar con el legislativo, pues el Ejecutivo tendrá que satisfacer en la medida de lo posible los beneficios que planteen los diferentes partidos políticos y las cúpulas empresariales.
Los señores del dinero ya han manifestado que se buscará una simplificación tributaria, que básicamente se oriente en la desaparición del Impuesto Empresarial a Tasa Única o del Impuesto Sobre la Renta, pues argumentan que la convivencia de ambos gravámenes les genera muchas complicaciones y confusiones.
Que suceda se ve complicado, pues el gobierno federal trata de incrementar la recaudación tributaria, y los diferentes sectores contribuyentes se defienden por considerar que la economía informal sigue gozando del paraíso terrenal fiscal de no contribuir al gasto público.