La reforma fiscal para la administración calderonista comenzó desde diciembre de 2006 cuando todos los partidos políticos expresaron la necesidad de contar con una reforma fiscal que impulsara el crecimiento y desarrollo nacional, pero ahora, 9 meses después esos compromisos se han quedado en el tintero, y por consecuencia la intención de mejorar la vida de los ciudadanos.
Las medidas fiscales-empresariales enviadas por la administración federal tampoco impulsaban el crecimiento y desarrollo económico de nuestro país. Su principal preocupación sólo es recaudar más recursos para sustituir los ingresos petroleros, que se especula bajarán en el futuro por la caída del precio del hidrocarburo, lo que a la fecha no ha sucedido (bajar el precio).
Las medidas fiscales no impulsan el crecimiento, no impulsan a sectores industriales de nuestro país a través de las exenciones fiscales temporales como en algunos momentos del milagro mexicano se dieron. Esta reforma no busca el crecimiento de las pequeñas y medianas empresas mexicanas que son fuente del empleo nacional. Es importante que el Estado tenga recursos, pero es igual de importante que el ciudadano también tenga recursos para satisfacer sus necesidades, en las cuales paga impuestos.
Se debería el Estado de preocupar por mejorar la recaudación con las herramientas costosas que ha integrado el Servicio de Administración Tributaria. Esa sí debería de ser una preocupación: vigilar que los recursos no se malgasten o que tengan un futuro incierto en los beneficios que ofrecerá, como hasta ahora sucede con la “Ilusión Integral”, como se le conoce en el gremio contable.
Por el contrario, el Estado tiene la preocupación de implantar más impuestos como el de la gasolina y el de juegos y sorteos, así como el de los depósitos en efectivo. Estos no impulsan en nada el desarrollo nacional, y por el contrario, afectan la economía de la mayoría de los mexicanos al provocar un incremento a los precios de los bienes y servicios.
La reforma fiscal que necesita el país para ser más competitivo sigue en la espera de ser ideada y aprobada. No es la que presentaron Carstens-Calderón, ni la que modifica el Legislativo, a pesar de que conocieron experiencias exitosas de Irlanda y la OCDE.