La nación celta comenzó su reforma fiscal desde la década de los 60 y señaló que dos ingredientes que le permitieron transitar hacia su negociación fue la reducción de impuestos indirectos en un primer paso y un pacto político social en el que los sindicatos moderaban sus peticiones económicas a cambio de que las alzas tributarias también fueran el mismo sentido.
En México se cuenta con uno de esos ingredientes: el pacto de la moderación económica por parte del trabajador, en la mayoría de los caos los incrementos salariales no rebasan el 4 por ciento, que es la meta impuesta por la inflación, y en caso de que sean mayores inmediatamente el Banco de México levanta la voz para decir que se pone en riesgo la meta inflacionaria.
Sólo nos resta que el gobierno también ponga su granito de arena para que esta urgente necesidad de recursos sea cubierta por la administración pública a través de la moderación. Y en este sentido se ha propuesto lograr una eficiencia en el gasto del 0.5 por ciento anual -entendida como reducción de gastos innecesarios-, que a final del sexenio representará un 3 por ciento del PIB, la misma suma que se pretende incrementar la recaudación tributaria.
Sin embargo, existe desconfianza por la insuficiencia del programa de austeridad implantado por el gobierno federal. Si se analiza el gobierno sigue privilegiando algunos sindicatos con exenciones y apoyos extraordinarios, léase magisterio, que tendrán como "prestación sindical" evitar el pago de Impuesto Sobre la Renta (ISR) por Primas Vacacionales, Aguinaldos y Gratificaciones de Fin de Año.
Será muy difícil que la reforma hacendaria transite con la urgencia que se requiere, ya que el mismo gobierno federal implanta situaciones de excepción que el mismo pretende erradicar.