El secretario de Hacienda, Agustín Carstens, como la plana de subsecretarios no se han cansado de repetir que la propuesta de reforma hacendaria que se propone es “amigable” en todos los sentidos: impulsa el empleo, impulsa el crecimiento económico del país y, principalmente, permite reducir los abismos sociales que existen en México. Sin embargo, la idea no convence a los contribuyentes cautivos, quienes se han cansado de manifestar que nuevamente se les pide un esfuerzo contributivo, pues sienten que las autoridades por razones políticas no acude a su lucha frontal contra la evasión fiscal: no se toca el contrabando ni la informalidad, ¿porqué?, sólo ellas saben que poder se encuentra detrás de éstas irregularidades económicas que siguen impunes en la vida económica nacional.
Se pide gravar los depósitos en efectivo con un 2 por ciento y un incremento en los precios de las gasolinas, cigarros y refrescos al imponerse un hipes de 4 por ciento a nivel estatal. En caso de aplicarse el bolsillo de las mayorías nuevamente será trastocado.
Los esfuerzos “ingeniosos” de la SHCP no lo parecen tanto para la mayoría de los mexicanos. Con esta situación los menos pobres ayudan a los más pobres, y los grandes privilegios que dice atacar esta reforma no se ven claramente disminuidos. Los regímenes especiales se mantienen. Con esta reforma sólo se busca dar un “pellizco” a los grandes intereses que aprovechan los huecos fiscales para disminuir su pago de ISR.
Por lo pronto, las autoridades fiscales han dicho que se encuentran con la mira de 300 mil millones de pesos adicionales para este sexenio y que si no es con el CETU y sus nuevas ideas será de otra forma.
Ojalá que en esos intentos la “creatividad” tributaria no vuelva a recaer nuevamente en los causante cautivos de siempre. La SHCP sabe dónde se encuentran las debilidades y en esos posibles ejercicios futuros lo más recomendable sería que los abordará para que en verdad su reforma fuese “amigable” para todos y no nada más para unos cuantos.