Faltan pocos días o semanas para que el melodrama de la “reforma fiscal integral” quede concluido al ser discutido en las comisiones y pleno de los órganos representativos ciudadanos, mientras tanto, son visitados por los grupos de poder para ir cabildeando y tomar precauciones sobre lo que se discutirá y eventualmente aprobar para su entrada en vigor.
Esta semana varios grupos y sectores sociales serán nuevamente protagonistas de la conformación de los cambios fiscales al tenerlos como un punto a estudiar , o en su defecto, proponer su idea tributaria.
Los esbozos siguen presentes y cada vez más certeros de lo que el gobierno federal busca: gravar a todos los contribuyentes de la forma más sencilla: IVA general.
Antes de llegar a la “propuesta del gobierno federal anunciada” los legisladores partieron a la tierra de la fraternidad a estudiar los diferentes procesos tributarios que han hecho exitosas a naciones como Irlanda. Todo para que al final, como se pronosticaba, termine en la aprobación de un impuesto al consumo.
La cultura política, tanto de los representantes populares como del gobierno no ha cambiado mucho: hay que seguir apretando el cinturón para que la nación salga adelante. Habrá un Estado con finanzas sólidas (mejores), y una población cada vez menos poderosa en su poder adquisitivo. ¿Acaso este será uno de los principios democráticos? Empobrecer a la ciudadanía y que el Estado siga dilapidando los recursos en su gasto corriente o programas inconexos que en la teoría son excelentes pero en la práctica un desastre.
No falta mucho para conocer el final de esta historia. Esperemos que el final del script sea diferente al aquí descrito.