Hasta el momento las directrices generales de la reforma fiscal que estarían elaborando el Secretario de Hacienda, Agustín Carstens, y los legisladores de todas las fuerzas políticas, principalmente, PAN, PRI y PRD, no han causado gran emoción entre los fiscalistas.
Señalan que la progresividad no es lo mejor que debe tener el nuevo esquema tributario, pues reza: el que más tiene que más pague. Sostienen que se debe ampliar la base de contribuyentes y homologar el IVA. Además, de replantear el federalismo hacendario.
Actualmente el 97 por ciento de los ingresos que recibe un estado provienen de la Federación, es decir, sólo un 3 por ciento son autogenerados.
Sin embargo, en fechas recientes los municipios acudieron a la Cámara de Diputados para que se les otorgará mayor participación en la elaboración del Presupuesto y por consiguiente mayores potestades tributarios, lo que no se vio reflejado.
A este escenario habrá que sumarle el proceso político interno que viven dos de las tres fuerzas políticas: PRI y PRD, para la renovación de su dirigencia, lo que ya ha sido marcado como un inconveniente mayúsculo, ya que no existen personajes que se puedan comprometer en las decisiones a futuro.
Se vislumbra un camino sinuoso para la reforma fiscal integral, ya que no se quieren cambiar grandes rubros de la política fiscal. Se argumenta que podrían terminar por dañar algunas actividades como la bursátil.
El secretario de Hacienda, los partidos políticos y la sociedad civil tendremos una tarea trascendental para que nuestro país tenga los recursos necesarios y así continuar con rapidez su tarea de ascenso en el escenario mundial. Es necesario revertir la caída que ha sufrido en los últimos años, que ha provocado que países como Túnez y Costa Rica sean más competitivos que nosotros, de acuerdo con el índice global de competitividad 2006 del World Economic Forum (WEF).