La confección de la reforma fiscal integral que se tiene prevista para el 2008 será una labor nada sencilla para el secretario de Hacienda, Agustín Carstens, pues cada sector productivo tiene una visión particular, y muchos no están dispuestos a acatar un nuevo pacto tributario federal.
Muchos actores pugnan por la homologación del impuesto al consumo, como parte central de la recaudación tributaria y la incorporación del comercio informal a la contribución de las finanzas públicas.
El quehacer político de Carstens será fundamental para que la reforma fiscal llegue a buen puerto y no se vea afectada en los tribunales por los litigios en contra de las disposiciones propuestas y aprobadas por el Congreso de la Unión.
Hasta el momento el desempeño del titular de las finanzas públicas se ha mostrado conciliador con el poder legislativo, lo que se reflejó en una aprobación expedita del presupuesto federal.
Esta relación podría verse afectada si no se accede a la aclaración de algunos ramos del presupuesto de egresos que fueron modificados por la SHCP.
Su tarea será que los principales poderes económicos del país no se molesten por los cambios tributarios y que los ciudadanos tengan mayor disposición a pagar sus impuestos.
Esto implicará que la federación haga un uso adecuado de los impuestos; que verdaderamente se tenga una austeridad, y ver que son aplicados en beneficio de la nación y no de la clase política.