Aunque todavía faltan más de 360 días para conocer la reforma fiscal que emprenderá el gobierno calderonista para elevar los ingresos tributarios para el 2008, hoy día se puede percibir que los sectores empresariales no están dispuestos a contribuir en el objetivo de conformar un nuevo sistema tributario en nuestro país.
Los grandes poderes como la industria refresquera, dominada principalmente por las transnacionales en nuestro país, a la que se pretende extender un Impuesto Especial Sobre Producción y Servicios (IEPS) de un 5 por ciento, para recaudar casi 4 mil millones de pesos, ha manifestado que dicho gravamen le causaría una pérdida total de 20 mil millones de pesos, lo que inmediatamente fue refutado por las autoridades fiscales y calificado de “absurdo”.
Durante 2006, la empresa AC Nielsen México, en su reporte “Los cambios en el mercado Latinoamericano” indicó que la evolución de la canasta de bebidas junto con la de golosinas revaloraron su precio a través de la innovación, son las que presentan un avance mayor en ventas en valor. Las ventas en términos de valor de bebidas crecieron 7.3 por ciento.”
La poderosa industria tabacalera también ha plantado sus objeciones para mantenerse con el mismo régimen fiscal, al igual que las automotrices que estuvieron presentes con el secretario de Hacienda para manifestarle los daños que causaría esta medida en los volúmenes de producción y desplazamiento de las armadoras.
Los empresarios también han manifestado su inconformidad ante los candados del Impuesto al Activo. Todos estos sectores se han movilizado con los diputados y secretaría de Hacienda para explicarles y tratar de evitar en la medida de lo posible estos cambios fiscales.
Si este es el escenario en un ambiente de “parches fiscales” que pasará para el año entrante, al realizar una refundación del sistema tributario nacional. ¿Acaso estaremos condenados a que siga un sistema de parches fiscales?
La respuesta la tendremos en los próximos meses en los que se demostrará si los grandes poderes económicos logran mantener sus condiciones fiscales sin cambio alguno.
En caso de mantenerlos podríamos pensar que la reforma fiscal del año entrante tendrá grandes dificultades para aprobarse: los grandes no quieren cambios, los políticos y la sociedad no quieren IVA en alimentos y medicinas.