El papel que tendrá el próximo secretario de Hacienda en el crecimiento del país será fundamental, tendrá que continuar con la responsabilidad de mantener el respaldo internacional que hasta ahora goza nuestro país por mantener una política fiscal sin grandes déficits, y al mismo tiempo, tendrá que generar las políticas internas que permitan un crecimiento interno.
Su papel tendrá que ser totalmente opuesto al mostrado por el titular de las finanzas públicas, Francisco Gil Díaz, en cuanto al desarrollo interno, porque las quejas sobre la cooperación nunca se dejaron de escuchar. Tuvo altercados notables con la Secretaría de Economía, Comunicaciones y Transportes, y la de Energía, pues se convirtió en el principal opositor de grandes proyectos modernizadores para el país. Sin embargo, no fueron los únicos, hasta la presidencia del país estuvo a raya por el ministro de Hacienda.
Por su oposición no se realizó el Fideicomiso 2025 que fijaba las directrices para el desarrollo nacional de los siguientes años.
Como se dijo en los pasillos el secretario Gil Díaz se mantuvo aparte del gabinete presidencial. Nunca tuvo una capacidad de integración con el gabinete presidencial headhunteriano foxista.
El próximo titular de Hacienda tendrá que mostrar una postura abierta, tolerante y negociadora con los demás secretarios de Estado para sacar adelante los futuros proyectos que tenga el país.
Bastará ver si reviven el Fideicomiso de transición que ahora con el presidente Calderón Hinojosa seguramente sería el 2030 por su visión para el México de los siguientes años. Ver si también se retoman los proyectos del Fénix, el tren Bala México-Guadalajara, así como la integración de la SHCP a la mejora regulatoria dirigida por la Cofemer, a la cual nunca se sumó.
La prueba de fuego la tendrá en su primer año de ejercicio, en el que seguramente presentará su propuesta de reforma fiscal, que tendrá que ser totalmente diferente a la presentada por la administración foxista, que siempre fue calificada como un Frankenstein fiscal.