Cuando uno escucha y lee lo que los medios de comunicación dan a conocer en materia impositiva, pero sobre todo en lo relativo a la Reforma Fiscal, uno se queda sorprendido, perplejo y a la vez desmoralizado, ya que el paso del tiempo y al día de hoy el discurso sigue siendo el mismo y los resultados menos alentadores. Recuerdo que en mis primeras clases de contribuciones que curse a finales de los 80´s, se decía que el Estado para poder llevar a cabo su actividad financiera era fundamental que contará con los recursos económicos necesarios para poder sustentar un gasto publico, como es la educación, medios de comunicación, salud, vivienda, servicios, entre otros, pero que en los hechos al paso del tiempo uno se percata (ya que el conocimiento te permite dejar de ser ingenuo) que tal actividad deja mucho que desear, sobre todo en la aplicación de tales recursos al gasto, en donde la retórica actualmente sigue siendo la misma, en perjuicio de las mayorías.
La Reforma Fiscal, algunas veces anunciada como reforma fiscal integral para efectos publicitarios, es un pregón que en los últimos años, al menos veinte, se oye decir, más en un afán político que social. Es por todos sabidos que las elecciones son un gran momento para arengar los propósitos políticos y como en México es constante esta situación, siempre se da la oportunidad para que las personas dedicadas a la política queden bien con ciertos sectores de la población.
En una ocasión escribí en el periódico El Economista, hace unos años, sobre la necesidad e imperiosidad que los legisladores contarán al menos con conocimientos básicos en el ámbito constitucional y tributario, sin embargo la realidad nos dice que existe poco o nulo avance en dicha cuestión; por ello siempre me he preguntado en el quehacer de la capacitación ¿Cómo enseñar aquello que desconozco?, pero que si lo extrapolamos a un ambiente legislativo ¿Cómo legislar aquello que no conozco?, ¿Cómo refutar aquello que no entiendo?, resultados, ahí están a la vista.
Efectivamente, la materia fiscal es del todo técnica, es decir no descansa solamente en la política, porque en una ambiente de legalidad los objetivos no son los mismos, para ello los siguientes hechos legislados de los últimos diez años: el impuesto sustitutivo del crédito al salario, el impuesto al activo, el impuesto a los bienes suntuarios y por no dejar de mencionar el costo de lo vendido, asuntos que en todos ellos el contribuyente se ha inconformado por la vía de los tribunales y le ha ganado la autoridad fiscal en su mayoría ¿Cuánto le cuesta a la autoridad administrativa defender estos casos? Esto se ocasiona simplemente por la ausencia de una visión legislativa-impositiva en el Congreso de la Unión, que en muchos de los casos fueron aprobadas para salir al paso por las promesas de campaña, justificadas posiblemente pero no validas jurídicamente.
En estos días se da la efervescencia de muchas voces tanto nacionales como extranjeras, en particular de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, respecto a la Reforma Fiscal a aplicarse para el año 2008, en donde se matizan los siguientes temas: Incremento en los impuestos indirectos, en particular el impuesto al valor agregado; desgravar más a los impuestos directos reduciendo la tasa del impuesto sobre la renta; el combate a la evasión y elusión fiscal; un mayor control del gasto publico en todas sus vertientes; simplificación administrativa; una mayor claridad en los preceptos legales fiscales, ampliación de la base de contribuyentes; así como una mejor distribución de los ingresos a las entidades federativas, denominado federalismo fiscal.
Ante este cúmulo de necesidades ¿los legisladores estarán preparados para elaborar y discutir estos temas?, siendo más de uno prioritarios para que el país pueda transitar de una vez por el camino del desarrollo y crecimiento económico, siendo fundamental que los legisladores tengan los conocimiento necesarios, además de la voluntad política y no de intereses partidarios, con la finalidad de encontrar el camino que más le conviene al país en beneficio de las masas . Por tanto es importante contar ya con una política fiscal contundente de mediano y de largo plazo y no la política de grupos que actualmente prevalece, lo que además genera incertidumbre para los contribuyentes cautivos.
En fin, un México bien legislado puede aspirar a avanzar, siendo fundamental para ello que cuente con un sistema fiscal sólido, convincente, equitativo y certero, en beneficio de las finanzas públicas y de la sociedad en general, en donde efectivamente se materialice la distribución equitativa de la riqueza.